El desgaste por empatía (estrés traumático secundario, traumatización vicaria) es característico de las profesiones en las cuales se ubican en primer plano la función asistencial y el contacto con sujetos que padecen alguna forma de sufrimiento.
Se produce, principalmente, en los profesionales que asisten a personas que han experimentado un trauma o que se encuentran en situaciones difíciles en cuanto a su salud física (por ejemplo, enfermedades crónicas, que producen dolor físico, discapacidad, etc.) su salud emocional o en situación de vulnerabilidad social.
En virtud del vínculo que se genera entre el profesional y la persona que se encuentra asistiendo, se produce un sentimiento de profunda empatía y pena por ese otro que esta sufriendo, acompañado de un fuerte deseo de aliviar el dolor o resolver sus causas.
Ante esta situación el profesional intensifica su labor ansiosamente y multiplica sus esfuerzos por ayudar, como medio de remedar la sensación de impotencia y de que no es suficiente lo que el pueda aportar al padecimiento del otro.
Si bien la empatía es una habilidad básica para establecer relaciones humanas, en tanto capacidad de comprender, ser sensible o experimentar los sentimientos, pensamientos y experiencias de otro puede llevar a una sobreinvolucración con el trabajo sin la posibilidad de dar una resolución al desborde causado en el profesional, por las experiencias sobrecogedoras que otro le ha transmitido
En estas situaciones es necesario procurarse un sistema de prácticas saludables para procesar la propia ansiedad, evitando el aislamiento, armando redes con otros colegas y con otros profesionales que pudieran colaborar con las problemáticas a abordar, encontrando espacios de intercambio en los cuales poder expresarse y encontrar soluciones con otros.